Personaje: Eline



Relato procedente: "Sin Respiración" (Huellas del Tiempo).

Resumen: Eline fue alguien inocente que cayó en manos de un manipulador y un maltratador nato del que no pude escapar fácilmente. Seguía viéndole en la misma cafetería cada mañana, observando a jóvenes que quería llevarse a su casa y hacerles lo mismo que le hizo a ella, era algo que no quería permitir, no quería que le pasara a nadie más, no quería presenciar vidas destrozadas y decidió atarle a una cama y empezar a hacerle el mismo daño que le hacía a ella cuando era totalmente suya y así es como se dio cuenta de cómo era un ser humano por dentro.

Nombre completo: Eline Sarnas Collet.                                 Edad: 26 años.

Ciudad natal: Los Ángeles.                                                    Ocupación: Pianista.


Descripción física:


Mi cabello corto y castaño me llegaba hasta los hombros, siempre recogido con unos ganchos de pelo de color oscuro para que no se notara demasiado que los llevaba, no me gustaba esconder demasiado mi cara, si la tenía era para algo, ¿no? Mis ojos castaños intentaban florecer aquella ilusión que siempre tuve por la vida, aunque en este preciso momento, no podían, estaban ensimismados con la cantidad de lágrimas arrojadas de ellos sin una sola pausa para respirar. Mis labios finos permanecían sellados a cualquier comunicación verbal, desde que que fui maltratada constantemente por ese hombre del que tanto me cuesta hablar, ya no he tenido confianza como para mantener una conversación normal y corriente con cualquiera. Mi cuerpo esbelto todavía pasaba por cambios intensos cada vez que pensaba en él, sentimientos desgarradores que hacían que fuera al servicio para echar todo lo que había comido, era bastante incómodo y me solía sentir mal conmigo misma, a parte de haber perdido unos siete kilos... algo irremediable en este momento.

Descripción de la personalidad:

Solía ser ignorante, atrevida, muy inocente y confiada con todo y todos los que tenían la valentía de dirigirme la palabra. Era muy dada a los demás, contemplaba tanto sus caras como sus palabras y todo me parecía maravilloso, dada mi ilusión por todo lo que me rodeaba y la esperanza de que apareciera esa persona indicada para mí. Ahora soy más bien todo lo contrario, me he transformado en alguien tremendamente desconfiada que mira por encima del hombro por si alguien me acosa en las sombras, no hablo demasiado y prefiero sentarme sola en cualquier lugar que tener compañía ya sea femenina o masculina, me agobia permanecer en sitios cerrados y prefiero quedarme en casa que salir a la calle a disfrutar del día, todavía no tengo ni idea de qué es eso, parece como si me hubieran exprimido la vida o la hubieran partido en dos.

Una infancia apasionante:

Soy hija única y mis padres siempre han tenido el dinero suficiente para poder disfrutar de unos días de vacaciones como dios manda, ya que, solíamos pasar un mes en el extranjero disfrutando de lo que se aconteciera, lo pasábamos en grande. Iba a todas las excursiones que se terciaran en el colegio, me encantaban los animales y estar conectada con la naturaleza, la observaba cada tarde al acercarme al pequeño bosque cercano a nuestra casita de madera a las afueras de la ciudad. Estaba acompañada de todo tipo de insectos, reptiles y árboles por doquier, eso me hacía sentir viva, pero también el hecho de tener todo lo que quería y más.

Fui la niña consentida de mis padres desde que tengo uso de razón, siempre me daban lo que yo pedía y conforme crecía tenía más ropa y más accesorios de moda porque era lo que más me llamaba la atención de una mujer.  Mis padres tenían en cuenta todas mis prioridades, sacaba buenas notas y aprendía rápido, para ellos, era más que suficiente para que empezara a madurar, jamás tuvieron una sola queja de mí.

Momentos cambiantes:

Como cualquier adolescente normal, he tenido cambios en mi vida, por supuesto, empezando por el momento en el que conocí a Eric, un joven que en su día me pareció guapísimo, con aquellos ojos oscuros y penetrantes, con aquella mirada sensual, unos labios gruesos que te dejaban totalmente cautiva y un cuerpo que era digno de contemplar, no podías apartar la vista de semejante monumento. Me captó con una sola ojeada, sabía que me atraía y me miraba con sensualidad, su sonrisa me hizo querer que se acercara a mí con mayor interés. Cuidado con lo que deseas...

Todo a mi alrededor empezó a cambiar porque de ser una persona ilusionada, dedicada a una vida llena de naturalidad, de estilo y siendo muy cariñosa, empecé a encerrarme en su mundo, tan solo hablaba con él porque le molestaba que me viera con otra gente, no quería relacionarse con mis amigos y provocó un ambiente en el que solo me sintiera cómoda con él, apartando a toda la gente que me conocía de mi alrededor, creo que la puso en mi contra a propósito. Mi familia y amigos me avisaban constantemente del hecho de que no era alguien bueno para mí pero me parecía muy fuerte que no pudiesen si quiera alegrarse por mi éxito, porque había encontrado al amor de mi vida y punto, estaba realmente enfadada con ellos y eso era lo que agrandaba el ego de Eric, cada vez le daba más poder sin quererlo. Todo ésto fue empezando en mi adolescencia, así que, mi mundo se fue transformando poco a poco...

Convivencia:

Eric me pidió que viviéramos juntos cuando tan solo tenía diecisiete años y estaba tan locamente enamorada de él que acepté sin pensarlo, sin imaginar cómo se disgustaría mi madre o lo enfadado que estaría mi padre. Como he dicho, llevaron bastante mal la noticia y más cuando Eric no les caía nada bien; tuve una rabieta intensa y recogí todas las cosas de mi cuarto, me fui de casa y no miré atrás, increíblemente ofuscada en todas las cosas malas y absurdas que habían dicho de el hombre al que amé durante tanto tiempo, ciega por completo de sus palabras y regalos.

Los primeros seis meses fueron estupendos, no os puedo decir lo contrario. Lo compartimos todo, íbamos a todas partes juntos, teníamos muchas ideas y hobbies en común, fuimos de viaje un par de veces y nos decíamos "te quiero" cada mañana. Hasta que todos mis días empezaban a oscurecerse, empezaba mirándome el móvil y diciéndome con quién podía hablar o con quién no, me pedía explicaciones de cuando hablaba con alguien, me seguía cuando quedaba con algún amigo, empezaba a mandarme cosas que hacer en casa para que no saliera, me pasaba los días como si estuviera en una especie de arresto domiciliario, pero todavía me empeñaba en descubrir por qué hacía todo aquello, creía que eran una especie de cambios que podían experimentar las parejas cuando se iban a vivir juntas por primera vez. En resumen, pensé que era una simple crisis.

Después de ésto, empezaron los insultos y las humillaciones en público. Intenté dejarle un par de veces, pero me amenazó con matar a mi familia si lo hacía, según él, moriría con la culpa de haberles matado. Me pasaba las noches llorando, a penas podía comer y no se me permitía salir de casa, él era el que traía dinero de los diversos clubes de prostitutas que llevaba, de los cuales, me enteré un año después. No podía mantenerme en pie por mí misma de la congoja que experimentaba cada día con aquel animal y tampoco podía explicarme cómo podía seguir queriéndole, no entendía cómo podía perdonarle todo lo que me estaba haciendo, creía que podía cambiarle pero no fue así en absoluto y pude aprender la lección después de la primera paliza donde empecé a sangrar incesantemente por la nariz y me quedé con un labio partido, el cual, tuve que curar durante días porque no había manera de que me dejara ir al médico.

Decisiones:

Durante esos ocho años que viví con él, agonizando por el dolor emocional que me estaba provocando, empecé a pensar en cómo podía cambiar las cosas, dado que, ya había comprobado que no podía cambiarle a él, cuando lo intentaba me daba una bofetada o me gritaba tan alto que recibíamos la respuesta de los vecinos con un grito igual de fuerte o superior. Estaba harta, así que, a mis veinticinco años recién cumplidos pensé que ya estaba bien el ser la puta de un hombre que ni siquiera me quería, que me estaba maltratando y una persona que me daba asco, debía dejar de vivir así, simplemente no se puede pasar una juventud tan apenada y destrozada como era la mía en aquellos instantes, quería cambiarla por completo y estaba decidida a ello.

Recogí todas mis cosas poco a poco para que no se diera cuenta y las que más abultaban como chaquetas, o las que más usaba como el material de aseo personal, fui dejándolo para lo último, para que no se notara que estaba haciendo oficialmente las maletas y no pudiera evitarlo o hacerme daño a mi o a mi familia. Sabía que no me dejaría en paz fácilmente, así que, al primer lugar al que fui nada más salir de su casa cuando estaba en uno de sus preciados clubes, fue la policía, como es evidente. Describía a Eric como alguien altamente agresivo y violento, que había amenazado con matarme a mí y a toda mi familia, que necesitaba alta vigilancia y una orden de alejamiento hacia él cuanto antes porque me había escapado de su casa y si no me veía en ella cuando volviese de trabajar, estaba segura de que no vería la luz del sol nunca más porque terminaría enterrada bajo tierra.

Todo ésto ocurrió en tan solo un día. Volví con mi familia, avergonzada y deshecha por dentro, sabía que me había equivocado en cuanto a ellos y en cuanto a la supuesta honestidad y amor hacía mí por parte de Eric, cometí un grave error que caería sobre mis hombros todo lo que me quedaba de vida si no hacía nada por evitarlo. Conseguí la orden de alejamiento y una vigilancia las veinticuatro horas en la puerta de su casa. Mis padres estuvieron en protección de testigos durante poco más de un año, yo renuncié porque no quería permanecer nunca más encerrada en un casa piloto donde no poder ver el sol y aterrada por si lo tenía detrás de mí.

Vigilante:

Empecé a ir a una cafetería que estaba cerca de la casa de protección de testigos donde residían mis padres, me encantaba ir allí y permanecía relajada en el mismo lugar cada día tomándome mi habitual café con leche. Eric venía constantemente para vigilar a algunas jóvenes que solían pasar el día en el parque que había justo delante de esa cafetería, las miraba como me miró a mí en su día, con esa asquerosa sensualidad que desprendía por todos los poros de su piel, esa sonrisa picarona que no podía evitar expresar y esos aires de superioridad moral que mostraban quién realmente era, siempre en busca de una inocente chica que cayera en sus garras y que pudiera manipular.

Al principio, me sentía aliviada de que dejara de ser yo, de que su obsesión por mí se disipara y que fuera otra la que le llamara la atención como nadie. Ignoraba mi presencia por completo, era como si no hubiera existido jamás para él, algo que me beneficiaba, estaba cogido por los cojones, era algo que no podía cambiar. Pero más tarde empecé a empatizar con aquellas jóvenes a las que miraba, manoseaba y se llevaba a casa y no podía evitar pensar con angustia que les estaba haciendo lo mismo que a mí, no podía dormir pensando que esa escoria estaba maltratando a cualquier otra chica cada día de la semana, no dejaba de tener pesadillas y de revivirlo una y otra vez, así que, decidí actuar.

La justicia que se sirve en frío:

Sabía que no tenían pruebas contundentes contra él, tan solo tenían mi confesión, así que, le pedí a una muy buena amiga que era enfermera un calmante que pudiera dormir a un elefante para parar a una escoria que no debía permanecer entre las personas, no podía seguir mangoneando a quién le diese la gana, ella aceptó con gusto porque sabía de quién se trataba y todo lo que me hizo, así que, no hubo ninguna pega en absoluto. Pude clavarle esa jeringuilla en el costado izquierdo mientras miraba a una jovencita morena de unos dieciséis años, consiguiendo hablarle sin que me temblara la voz o tuviera ganas de vomitar, acabó inconsciente. Aproveché para subirlo a la furgoneta que tenía aparcada en la parte de atrás del local, ayudada por una de las camareras a la que le dije que se había desmayado por un bajón de tensión y que debía llevarle al médico, se lo creyó y me ayudó, era satisfactorio hacer algo así sin preguntas y que te saliera todo de perlas, ¿verdad?

El que estuviera postrado en esa cama y haberle despellejado y rajado como a mí se me antojó fue una de las cosas que me liberó por completo de su control y del dolor que me hubo infligido durante tanto tiempo. La venganza nunca fue lo mío pero en aquel momento, me pareció todo lo bien que podría parecerle a alguien, así que, esperé hasta convencerme de que estaba realmente muerto, de que el último suspiro me proporcionaba la libertad que necesitaba en mi vida y le boté fuego a esa casa abandonada a las afueras de la ciudad, a esa casa que desaparecería con la paria que había acontecido en mi vida tan incesantemente.

Un futuro lleno de posibilidades:

La presencia de Eric en mi vida, aunque no participara activamente en el último año en el que estaba vivo, era como una dificultad que no me dejaba avanzar, no podía respirar con naturalidad, me pasaba el día ofuscada pensando en todo lo que había pasado a su lado y simplemente, hiperventilaba. Era como un paria en mi vida, una responsabilidad que caía sobre mis hombros y tenía que hacer desaparecer, que tenía que apartar por completo para poder seguir con el millón de oportunidades que podrían brindarse a mi alrededor.

He empezado a meditar y a pasar algo de tiempo conmigo misma para poder superar todo aquello que pasé junto a Eric, todo el resentimiento y el engaño, toda la culpa y la ignorancia al permanecer a su lado, quería que todo fuera desapareciendo de mi interior para sentirme más segura y completa, para no tener que volver a esos recuerdos y darme cuenta del daño que seguían haciéndome. Era un avance el querer superarlo y eso llevo haciendo durante hace más de un año, intentando progresar como persona y disipar esos sentimientos que fluirán a mi alrededor hasta el día que muera, permaneciendo desconfiada y apartando a todo ser viviente de mi lado por mi propio bien, mi destino es estar sola, permanecer en las sombras para que el dolor no se aproxime.

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