Personaje: Jeline



Relato procedente: "Páginas en Blanco"

Resumen: Después de haber dejado a la inspiración de lado, después de no poder escribir ni un solo escrito decente, Jeline es envuelta por una serie de sueños donde se presentan todos aquellos recuerdos dolorosos que pasó junto a Deane, lo que no esperaba es que se plasmaran en la pantalla del ordenador al abrir los ojos y que su misma inspiración fuera materializada en un hombre mayor, con arrugas y unos impresionantes ojos verdes que la había llamado hasta el subconsciente para poder darle una respuesta a sus preguntas.

Nombre completo: Jeline Maslany.                                        Edad: 32 años.

Ciudad natal: Nueva Jersey.                                                 Profesión: Dependienta.  


Descripción física:            

Mi pelo castaño que me llega hasta las costillas ondea al viento ante el pronto suspiro de la mañana, mis ojos del mismo color intentan explicarse cómo puede haber tanta belleza en la naturaleza que nos envuelve y mis labios intentan expresar una agradable sonrisa ante el hecho de tener mi vida en plena calma. Mi cuerpo esbelto es alimentado a base de frutas y verduras, manteniendo siempre la serenidad y tranquilidad del momento, intentando disfrutar de cada uno de ellos como si fuera el último.

Descripción de la personalidad:

Al principio, era una chica muy abierta con muchas ganas de aprender de los demás, digamos que era alguien que la mayoría de las personas considerarían normal, pero al pasar toda aquella situación con Deane, me volví desconfiada, solitaria y toda relación, por cercana o alejada que estuviera, me parecía una farsa, una mentira que se decían a sí mismos personas que no sabían amar. Ahora tengo la estúpida manía de ver a Deane en todos los que se cruzan por mi lado, me hablan o quieren tener una conversación animada conmigo, siempre pienso mal y termino alejando a todo ser viviente de mí, quedándome la compañía del mar, ese que me comprende y me cuida, ese que me mantiene serena y con ganas de seguir adelante con mi vida.

Una infancia llena de progresos:

Durante mi infancia, siempre trataba de subir peldaños tanto en mi educación como en mis clases de gimnasia rítmica, yo era pura dedicación y disciplina, nada salía de las franjas de una persona completamente metódica y recta, era algo que siempre me salía solo y no había nadie que me lo hubiese inculcado. Para mí, los progresos en cualquier ámbito de mi vida debían ascender, tenían que prosperar a algo nuevo, sino no sentía que estuviera haciendo nada en mi vida, tan solo perdiendo el tiempo.

Mis padres siempre trataron de que me tomara las cosas con mayor tranquilidad, que no fuera tan perfeccionista y recta, que podría ser flexible conmigo misma pero ni por esas quise cambiar quién era, todo tenía su organización, sus horas exactas de entrenamiento y estudio y todo debía progresar según lo establecido. Siempre había estado en el tren del positivismo, la frase que más deambulaba por mi boca era: "todo saldrá perfecto y según lo establecido". 

Adolescencia eclipsada:

Toda esa disciplina y nerviosismo de ser una hija y una persona perfecta, desapareció en cuanto conocí a Deane en una de las fiestas del instituto. Jamás le había visto pero sus ojos me embriagaron de tal manera que no podía pensar en nada más, incluso sus besos formaron parte de mí durante tanto tiempo que no podía separarme de ellos. Dejé la gimnasia rítmica porque de repente ya no me sentía cómoda y a penas aprobaba mis exámenes, mis padres estaban sorprendidos del cambio que me había provocado aquel joven arrebatador.

Estuvimos saliendo durante mucho tiempo antes de vivir juntos, teníamos ideas muy afines y mi adolescencia empezó a cambiar, empecé a transformarme en alguien más tranquila y menos dictatorial consigo misma, alguien que miraba más por su prójimo, lo que no sabía es que mi compañero de viaje iba a ser tan poco comprometido con todo lo que hacía y mucho más conmigo, era algo que no vi venir.

Promesas incumplidas:

Deane era la típica persona que hacía promesas comprendidas por una base de puro entusiasmo, quizá algo impulsivas y llenas de buen hacer, pero cuando llegaba el momento, no las cumplía, ni siquiera se acordaba de aquello que había dicho. Las primeras veces no me importaba porque comprendía su punto de vista, incluso su forma de ser, pero me dejaba tan de lado que era incapaz de justificar sus actos de una forma tan pasota como lo hice desde un primer momento, empecé a darle importancia a todas aquellas cosas que no hacía.

Estaba cansada de ilusionarme y de que todas mis esperanzas por prosperar en nuestra relación se cayeran al suelo, me dejaba repleta de sueños rotos, de palabras que ya no importaban y momentos que pasaban de lado como si nada importante ocurriera, sientiéndome tan sola como contrariada, no podía soportar su falta de compromiso constante, no era alguien de fiar.

Espera incomprendida:

Empecé a esperar más de lo que debería para comprender qué estaba ocurriendo, hasta tal punto en el que pensé en tomar una seria decisión: dejarle después de cinco años de relación en la que había estado más sola que otra cosa y más traicionada que nunca. Estaba dispuesta a ello hasta que un precioso anillo de compromiso fue colocado en uno de mis dedos, era un símbolo de unión, de una nueva promesa para ambos, de una completa sintonía hacia un futuro en conjunto. Dije que sí en el momento en que me lo pidió sin siquiera pensarlo un momento, le quería tanto que olvidé todo lo que me hizo o, mejor dicho, lo que no hizo y me embarqué en la ilusión de preparar una boda desde el decorado hasta el color de las flores que adornarían el altar.

Cuál fue mi sorpresa que no apareció en la celebración de nuestra boda, me quedé sola entre aquellas preciosas orquídeas que iluminaban la iglesia con todos aquellos familiares felices por nuestra futura unión, personas que se fueron con las manos vacías, aunque no tan heridas y desilusionadas como yo. En ese momento, decidí no volver a verle más, de hecho, cuando volvió después de que le trataran el coma etílico durante su despedida de soltero, yo ya no estaba en el piso que compartíamos, cambié de número de teléfono y de ciudad para que jamás pudiera encontrarme, lo que más me costó fue olvidarme de sus ojos, dejar su boca alejada de los míos y comprender que debía dejar de echarle de menos.

Mi inspiración:

A raíz de toda esta situación traumática que pasé a su lado, las palabras ya no me salían por sí solas, estaba llena de desconsuelo y desilusión. Trataba de empezar aquel libro que había pensado publicar con tanta emoción y ganas por ver la acogida entre los lectores que tendría, pero era imposible sacar algo de mi corazón vacío, ese en el que tampoco albergaba esperanza o cualquier tipo de alegría. Empecé a tener sueños de recuerdos de toda mi convivencia con Deane, de hecho, mi mente visualizó los que fueron más dolorosos para mí y cuando abría los ojos, todas esas imágenes se habían traspuesto en la pantalla del ordenador, pulcramente escritas y con un vocabulario exquisito.

Conocí a mi inspiración, materializada en un hombre de unos sesenta años, poblado de arrugas y con unos ojos verdosos sinceros y humildes, llenos de comprensión y amor, me cautivaron por completo, al igual que toda su esencia en sí, toda aquella calma que le envolvía. Había hecho todo aquello para resurgir, hacía tiempo que le había deshechado de mi vida por todo lo ocurrido en mi relación no tan amorosa con Dean y quería que recuperara mi momento, que desahogara todo el dolor que tenía en mis adentros para poder seguir adelante, quería escribirlo en el libro y que fuese publicado. Así lo hice y me convencí a mí misma de que no estaba sola en el mundo y de que otras jóvenes habían pasado lo mismo que yo, habían sufrido las promesas rotas de alguien a quién realmente no le importaban.

Un futuro lleno de inspiración:

Después de publicar el esperado libro, empecé a tener mucha más inspiración de lo que esperaba, prácticamente todos los días podía escribir cosas de todo tipo, tantas que me he planteado escribir un segundo libro. Aunque no confíe en las personas, he decidido confiar en mí, en saber lo que quiero para seguir adelante donde dejé mi dignidad, recogerla y emprender una lucha constante con el hombre medio. No se dice fácil el empezar de nuevo, pero el ganar dinero como escritora de verdad y ser reconocida, ha hecho que avance en pequeños peldaños como hacía anteriormente en mi perdida infancia.

Mi inspiración ha resurgido tanto que me ha dejado sorprendida, he podido comprender que sale de dentro de una forma tan profunda que nadie podría explicarlo. Es una forma de expresar los sentimientos, nuestros pensamientos más íntimos y protectores, la ola de sinceridad que nos colapsa el corazón y la mente, que intenta exteriorizarse por encima de todo con una fuerza imparable para seguir respirando en tus adentros. Ahí es cuando sabes que es tu momento, es cuando te das cuenta de que nada puede hacer que retrocedas y que tu sonrisa siempre llegará hasta el infinito porque cuando haces tu sueño realidad, nada más importa, ni siquiera un pasado removido entre promesas vacías y unas páginas en blanco.

                                  

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