Especial Personajes - Segundo Aniversario:



Introducción:

Es el segundo aniversario de este blog de personajes que completan cada relato que escribo, es realmente un honor presentaros a uno nuevo que he ido creando durante estos días. Es un placer para mí contaros sus vidas poco a poco, dado que, como bien suelo decir, en un relato no hay tiempo ni espacio suficiente para contar cada detalle de cada personaje, por ello, me parece tan importante separarlos del relato del que proceden y contar sus historias. Como bien decimos las personas que nos gusta leer: "Preferimos vivir mil vidas que solo una que es la nuestra", así que, me ha encantado poder seguir con este blog y mostraros una vida más que compartir a lo largo de miles que nos puedan cautivar o seguir a donde quiera que vayamos.

Me ha parecido muy importante saber qué personaje preferirías para completar este nuevo año y os doy las gracias a todos los que habéis participado.

Datos del personaje:

Nombre completo: Daila Meers.       Poderes: Lee la mente, teletransporte y telequinesis.

Ciudad natal: Nueva York.                                    Estado actual: Superviviente.


Descripción física:

Mi cabello negro puede mostrar la fuerza que emana de mi interior, la completa desconexión del mundo material y la unión con los poderes que albergo en mí. Mis ojos castaños suelen expresar sintonía por la naturaleza, la que me proporciona fuerzas y un estado repleto de paz. Mis labios gruesos permanecen sellados, jamás podría revelar mis secretos y son los dueños de mantener alejadas cada una de las palabras que tengan que ver con ellos. Mi cuerpo esbelto es un compendio de emociones, poderes y completo control de mí misma, es algo que proviene del espíritu mismo.

Descripción de la personalidad:

Siempre me he considerado una persona libre, incluso de perjuicios, nadie es perfecto ni nace aprendido. No espero que nadie comprenda por lo que paso cada día, no me gusta quejarme de mis problemas y menos de ocultar quién soy en realidad. Tiendo a mentir constantemente para que no descubran ninguno de mis poderes, no es que tenga miedo de ser un bicho raro que considero que lo soy, sino que, es algo mío que tan solo compartiría con la persona adecuada no con cualquiera. Imagino que soy solidaria con los demás, aunque siempre he procurado estar sola para no dar más explicaciones de las que debo, para no convertirme en una mártir de mis propios errores. Trato de no compartir demasiado mis conocimientos con los demás para que su curiosidad no se agrande demasiado y terminen por preguntarme cosas que no sabría contestar, trato de esconderme de aquellos que pretenden hacerme daño. Me siento completa con mis poderes y todo lo que he conseguido averiguar sobre ellos pero algunos vacíos no se van de la nada, se convierten en agujeros que se forman en tu pecho tan profundamente que crees que te va a costar respirar.

El caos de la infancia:

Mi infancia fue algo compleja, mis padres empezaron a ver que se desarrollaban mis poderes poco a poco y se asustaron. Al principio, no querían acercarse a mí por miedo a que les hiciera daño, cosa que jamás se me había pasado por la cabeza, tan solo quería que alguien me comprendiera, pero unos años largos después decidieron hacerlo por la vía fácil, es decir, prohibiéndome la utilización de mis poderes (de los cuales, más adelante os hablaré), algo que me parecía tremendamente difícil porque fluían solos, de tal manera que me costaba ir a algún cumpleaños o a alguna fiesta de disfraces donde nos invitaban, incluso las cenas familiares o amigos de mis padres terminaban siendo catastróficas, ya que, teníamos que responder un conglomerado de mentiras que si fuera yo en su lugar, jamás hubiera aceptado como válidas.

La convivencia era muy compleja, no sabía en qué momento pedirles disculpas por las molestias que sabía que ocasionaba a mis padres con tan solo siete años, ni siquiera tenía idea de dónde procedían, aunque en este momento, puedo hacerme una ligera idea de lo que ocurrió. No consiguieron del todo mantener acallados mis poderes, de hecho, intentaba con todas mis fuerzas soportarlos dentro de mí pero no podía, todo fluye por energías y ellos también, no podía forzar nada; ni siquiera podía ir al colegio, llamaron a una profesora particular que pudiera darme clases como es debido sin hacer preguntas sobre mis supuestas "deficiencias mentales" según sus palabras. Me miraban de forma diferente aunque yo les mirara con el mismo cariño que mira un bebé a sus padres por primera vez, con una mirada inocente y cálida... pero de nada servían mis intentos de ser amada por ellos por quién era en realidad y no por quiénes querían que fuera.

Adolescencia oscura:

Estuve tan enfadada con mis padres durante tanto tiempo por intentar anular aquello que tenía dentro de mí que no caí en la posibilidad de no volver a verlos jamás, no podría haber pensado que tendrían un accidente de coche una noche de lluvia después de haber discutido conmigo, después de habernos gritado como locos y de habernos dicho cosas desagradables; la verdad, les odiaba desde hacía mucho por no poder mostrar quién era yo realmente y aquella experiencia me hizo replantearme lo que sentía por ellos con toda mi alma sintiéndome culpable por aquella caída al vacío que tuvieron mientras conducían. No tenía ni idea de si me habían culpado por ello o no, era algo que me preguntaba constantemente y, la única respuesta que tenía eran muchas más preguntas y era agotador.

Durante un par de meses, pude pagar los gastos de la casa donde vivíamos pero llegó el momento de irme, de dejarlo todo atrás para empezar mi propia vida con el único objetivo de no volver a utilizar mis poderes para no provocar dolor a nadie más, para esconderme del mundo de la mejor forma que sabía, sin que supieran nada de mí, siendo completamente invisible. Y así lo hice. El banco se quedó la casa donde vivía con mis padres, mientras yo salía por la puerta con el único equipaje que lo que llevaba encima y sin mirar lo que estaba dejando a mis espaldas, sin que recuerdos dolorosos nublaran mi mente como otras veces lo habían hecho, ahora estaba bajo mi propia independencia y responsabilidad.

Leer la mente:

Empecé a leer la mente con tan solo seis años, no sabía cómo había ocurrido pero de repente, podía oír lo que pensaba mi madre sin que ella abriese la boca para decir nada, era impresionante. Como era evidente, no entendía qué estaba ocurriendo pero conforme fui creciendo, las voces de las mentes de los demás empezaban a amplificarse y aumentar su volumen en mi interior, como una alarma que estuviese las veinticuatro horas en pleno funcionamiento. Tenía terribles jaquecas y todo provocado por aquellas mentes perturbadas que se paseaban por cualquier lugar de la ciudad, así que, pensé que la única forma de dejar de oírlas contantemente era pudiendo controlar cuando escucharlas y cuando no. Empecé a practicar cuando tuve unos nueve años y al principio costó, como cualquier cosa que todavía no has hecho y quieres empezar a dominar pero, más tarde, empezó a ser parte de mí y logré ser parte de ella como una pieza más que dominar en mi vida.

Pude saber qué pensaban mis padres en cada momento del día y no eran cosas bonitas, no era amor por la persona que te completa y quiere pasar el resto de los días contigo, sino aquella que te odia por haber decidido tener hijos por ella cuando no quería. Me arrepentí durante el resto de mis días el haber escuchado toda aquella conversación por el dolor que provocó en mi interior y por saber por ellos mismos de que había sido un accidente no querido por nadie, fue realmente traumático. Intenté seguir con mi vida con el único objetivo de poder complacer a los demás y se cumplieran aquellos sueños que pensaban cada día, me pasaba cada momento pendiente de qué le gustaría a la profesora de literatura o la chica que se sentaba en el árbol más frondoso del jardín del instituto. Empecé a encontrarlo de utilidad en vez de una maldición frustrante, algo sorprendente.

Telequinesis:

Pude mover los objetos con la mente cuando cumplí más o menos once años y fue justo el momento en el que mis padres se enteraron de los poderes que albergaba en mí y, hubo tan solo un momento en el que no se lo creyeron hasta lo demostré con un estúpido juego de pensar cualquier tontería que se les viniera a la mente y yo la adivinaría o que me señalaran un objeto de la cocina para que yo lo moviera. No podría descifrar sus miradas de profundo terror, de pánico absoluto y creyendo que no era su hijo, que era tan solo un extraño que entró en sus vidas y que no tenían ni idea de si Daniel había muerto en alguna cuneta. Fue doloroso ver su reacción, les quería con toda mi alma y consideré aquello una traición como padres, no entendía por qué no podían comprender qué ocurría en mí o me podían querer como empezaron a hacerlo desde un principio aunque hubiera sido un accidente.

Este poder me asustó en un principio porque no tenía control de aquello que movía y mi mente lo hacía involuntariamente, es decir, cuando quería con total libertad y en momentos que no debía hacerse porque había demasiada gente observando. Consideré la opción de controlar este poder al igual que cuando leía la mente, tan solo tenía que observar un objeto y mantenerme centrado en él hasta que consiguiera que hiciera mi voluntad por completo y todo mi cuerpo se dejaba llevar por mi mente. Cuando lo conseguí, me sentí más fuerte que nunca, algo se había forjado en mi interior, como si se hubiera añadido algo realmente importante y me hubiera sentido vacío hasta que sucedió, fue una completa locura pero conseguí salir adelante y controlar otra de mis nuevas rarezas, lo que no esperaba era lo que venía después...

Fuego:

Recuerdo perfectamente la noche en la que prendí fuego a mi cama mientras dormía en la edad de unos quince años, mis padres llegaron corriendo después de oler el humo que salía de debajo de mi puerta y consiguieron apagar el fuego que yo mismo había provocado. Pensé que me había dejado algún aparato encendido pero volvía a pasar cada vez que me enfadaba o me sentía emocionado por algo, era realmente incómodo porque florecía en un momento inoportuno y no podía hacer nada para evitarlo, salvo practicar con él conforme hice con los otros que poseía. Me costó muchísimo hacerlo, dado que, no podía simplemente controlar mis emociones como quisiera, no podía darles una orden para que dejasen de provocarme sensaciones maravillosas, así que, tuve que anclar el fuego a una persona que sacara toda la ira que tuviera en mi interior e hiciera que todo ese fuego saliese de mis manos cuando yo quisiera: ese fue mi padre. Creo que fue porque no entendió mis poderes ni mi postura desde un primer momento y no quiso aceptar el hecho de que podía ser un chico diferente a los demás y quererme como tal, eso no estaba en su naturaleza.

Aquí terminaron de resurgir poderes que hasta ese momento no había entendido demasiado, al igual que mis padres, lo cuales, pensaban que estaban condenados o alguna bruja les había hechizado de alguna forma u otra. Era curioso, no creían en mis poderes pero sí en brujas absurdas venidas de otro mundo para joder a los demás, es una teoría fascinante, ¿verdad? Para mí no lo fue, era un repudiado por mi propia familia, no podía ser yo mismo, ni siquiera podía practicar la telequinesis con mi propio desayuno porque me consideraban un monstruo. Después de lo del fuego, a penas hablábamos, no podía salir de mi habitación para no herir a nadie y empecé las clases en casa, no querían que hiciera daño a nadie cuando yo mismo me lo prohibí por el simple hecho de hacer lo correcto. 

Comprensión:

Decidí pasarme las tardes en la biblioteca para poder descubrir con mayor claridad de dónde procedían mis poderes y lo que pude saber fue absorbente y algo que todavía no había experimentado, era asombroso. Cada libro que leía, explicaba que todo el universo está formado por potentes energías que nos conforman, así es cómo hay personas más sensibles que otras a la luna, al sol y a los planetas que giran alrededor del mismo, del mismo modo, había otras personas que tenían ciertas dotes para canalizar esas energías de una forma específica que provenía de cada uno de los elementos de la tierra: agua, tierra, fuego y aire. Así se formaban a los hombres llamados "del mañana", aquellos que podían transformar sus propias vidas, aquellos que podían salvar las de los demás y poder sentirse bien consigo mismos, dado que, según los libros, estos personajes siempre se sentían vacíos y solitarios por los secretos que debían guardar para no dañar a los demás.

Habían varias prácticas, ya fueran de poderes como de formas de meditación que podían ayudar a controlar mucho mejor nuestras habilidades innatas. Por un lado, podía señalar la meditación como método para canalizar toda esa energía que albergábamos en nuestro interior; seguidamente, teníamos el poder de rodearnos de naturaleza siempre que pudiésemos para captar mucha más energía de la que teníamos y, además, de poder canalizarla con los árboles y el mar; por último, podíamos arder en fuego para cargar nuestras pilas, que la energía volviera a nosotros en momentos de debilidad o para sentirnos más fuertes. Todo esto me impactó, pero conseguí tener la costumbre de hacerlo cada día, no quería darle el gusto a mi padre ya muerto con que había hecho daño a alguien involuntariamente, no iba a dejar que sufriera nadie más por mis errores y, mucho menos, personas inocentes que no tenían nada que ver con aquello que me deparaba el futuro.

Un futuro donde poder escapar:

Durante mucho tiempo he vivido en la calle, viendo a la gente pasar y preguntándome si habría alguien que me entendiese lo más mínimo como para poder sentirme algo normal pero sabía que jamás habría alguien que hiciera cosas tan amables por mí como darme cobijo o comida y que tendría que buscarme la vida como pudiera. Ahora robo a todo aquel que encuentro por la calle, sea una persona de clase media como alta, cualquiera es un objetivo para mí y nadie me impide sacarme unos dólares de más entrando en las cámaras acorazadas de los bancos y pudiendo vivir en un loft abandonado a las afueras de la ciudad y poder propiciarme aquello que necesito sin que nadie me descubra.

Mi futuro es permanecer en las sombras y ayudar a aquellos que me lo pidan, aquellos que pueden aceptar mi naturaleza y la traten como algo fascinante o respetable y que sepan agradecer las cosas maravillosas que puedes hacer por ellos sin esperar nada a cambio. Aunque siempre vengan a mi mente las miradas de fascinación y terror de mis padres, voy a intentar olvidarlo, quiero tener un futuro pacífico donde aunque sea medio delincuente pueda llegar a ser una persona que deja a aquellos que le recluían atrás y se centra en lo venidero, en el montón de personas a las que se puede salvar y, quizá, robarles el coche, la cartera o cualquier objeto que valga lo suficiente como para que sea suyo.

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