Personaje: Lidya



Relato procedente: "Silencio Ensordecedor"


Resumen: Sam y Lidya crearon un silencio alrededor de su relación y convivencia, llevaban dos años sin hablarse y, justo en el momento en el que el joven decide irse de aquella casa compartida con el supuesto amor de su vida, ella llora desconsolada pidiéndole una charla extendida sobre su relación, pero nada de eso le importa a Sam, tan solo quiere irse de allí y empezar una nueva vida. Una noticia en directo en la televisión, hizo que se levantara de la silla y fuera a buscar a su ex novia, encontrándose con que se había suicidado, el arrepentimiento floreció de repente.

Nombre completo: Lidya Lorell.                                                Edad: 28 años.

Ciudad natal: Nueva York.                                                       Profesión: Pintora.



Descripción física:

Mi cabello castaño un poco más abajo de los hombros, ondeaba al viento cada noche mirando las estrellas mientras pensaba en qué fallamos Steve y yo. Mis ojos del mismo color trataban de ver a través de mis heridas, tratando de captar su misma mirada en jóvenes con los que quedaba, sabiendo a ciencia cierta que ninguno de ellos podría mirarme como lo hacía él. Mis labios finos mostraban desconfianza, algo apretados y sedientos de los besos que antes compartí con Steve. Mi cuerpo esbelto, trató de imaginarse qué podría hacer sin él y no podía ni pensarlo, no era capaz de acostumbrarme ni hacerme a la idea.

Descripción de la personalidad:

Siempre he sido una persona extremadamente sensible y alguien apegada a todo mi alrededor como si se tratara de un imán que no podría sobrevivir sin alguien a su lado. La soledad no había sido nunca mi fuerte, no podía estarlo ni un solo segundo, odiaba las despedidas y me sentía una auténtica desgraciada cuando alguien se distanciaba de mí, no podía estar sola, simplemente. Nunca he tenido demasiado carácter, me ha gustado seguir las normas sin protestar y ser un poco falsa cuando fuera necesario sin darle a entender a alguien que existía medianamente, era pura invisibilidad.

Una infancia compleja:

Como una niña sensible que soy, jamás pude aceptar el hecho de que mis padres se separaran con tan solo siete años de edad, me sentía realmente confundida y contrariada, pensaba que se querían y, de repente, todo terminó para todos. Empecé a ser un mueble que ambos trasportaban a su antojo, añadiendo el hecho de que ambos empezaban a salir con personas nuevas y totalmente distintas, las traían a casa cuando yo estaba y podía apreciar una especie de gemidos al otro lado de mi habitación, los cuales, tenía que evitar poniéndome un cojín sobre mi cabeza para dejar de oírlos, pero ni siquiera eso era suficiente para explicar lo desconectada que me sentía de ellos y de todo en general.

Empecé a retraerme cada vez más, no quería hablar con mis padres y mucho menos con las personas que solían traer a casa, no me gustaban y cuando les apetecía me faltaban al respeto y me trataban como si molestara en todo momento. Terminé por guardarme las cosas, dejar de hacer frente a personas con un ego tan grande que no podría derribar aunque me esforzase. Uno de los tipos que trajo mi madre, intentó violarme cuando fue a comprar unas botellas de vino para emborracharse en su cuarto como si ni siquiera tuviera una hija, todo terminó gracias a que grabé todo lo que ocurrió con la cámara que dejé escondida en la estantería de mi habitación, sino creo yo que no me habría creído. Una no-infancia fascinante...

Una adolescencia solitaria:

Durante los años de adolescencia que precedieron a toda esta locura de puterío por parte de mis padres, empecé a estar cada día que pasaba más sola y más desconectada del mundo. No quería comprender sus posturas, ni siquiera quería escucharlas, siempre había cuidado de mí misma cuando los demás se olvidaron de ello y pensé que era el momento de ponerme a trabajar para dejar a mi no-familia atrás, avanzar en mi crecimiento por mí, no me habían ayudado nunca, así que, en esos momentos tampoco esperaba que lo hicieran.

Delante de mí tuve la oportunidad con alguien que conocía muy bien en una pequeña tienda de dulces, tan solo tenía que atender a los clientes mientras ella permanecía en la cocina haciendo todo tipo de productos con contenido graso y verificado como desaconsejables para cualquier ser humano, de hecho, me negaba a comerlos. Con todo ésto, me convertí en una persona cínica y desconfiada, no quería tener nada que ver con las personas y las relaciones de pareja, las veía tan alejadas que ni siquiera pensaba en ello.

Steven: Un soplo de aire fresco

Apareció un joven apuesto, dulce y muy interesado en mi sonrisa y todo lo que tuviera que decir, alguien a quién le costó encandilarme pero que no dejó de intentarlo hasta que lo consiguió. Fue tan caballeroso que primero dejó que nuestra amistad se forjara poco a poco y se convirtiera en algo más tierno y con sentido que antes, sacrificó muchas cosas para estar conmigo, incluso a su familia que nunca me aceptó, creyendo fielmente en nuestra relación, sin dejar paso a mi intensa negatividad, esa que florecía en cada frase que decía.

Me costó muchísimo confiar, es algo antinatural en mí, pero consiguió que quisiera pasar el resto de mi vida con él, así que, cuando me ofreció que viviésemos juntos, acepté sin dudarlo. Empezó siendo una convivencia estupenda, el trabajo iba fenomenal y no podía quejarme, de hecho, mis padres volvieron juntos después de tirarse a medio mundo y se fueron a vivir a España, un lugar para conseguir asentar la cabeza. No tenía absolutamente ningún motivo por el que estar estresada, preocupada, sentirme sola o nerviosa, lo tenía todo bajo control y eso es lo que siempre había deseado, pero no todo sale como uno quiere al cabo de unos años, ¿verdad? Siempre hay alguna putada...

De una preciosa relación a una consecución de discusiones:

No recuerdo exactamente dónde empezaron todos nuestros problemas, pero creo que fue la noche en la que tuve mi primer ataque de celos, cuando había quedado con una chica para cenar, una amiga que tenía desde hacía mucho tiempo y que necesitaba ver porque era muy importante para él, lo interpreté como una cita y todo explotó, se juntaron las cosas negativas que siempre decía y nada salió como planeamos, dado que, empezó un silencio ensordecedor del que fue difícil escapar.

No tenía ni idea de cómo podían torcerse las cosas tan fácilmente, pero parecía que se cayeron de una forma que ni siquiera yo podría haber controlado. Steve se agobió, yo también lo hice y no podíamos decir una palabra sin que el otro estuviese a la defensiva, así que, incluso nos molestaban nuestras palabras, compartir aunque fuera una de ellas con el otro, no podíamos tener ya una simple conversación después de una relación de lo más plena. Realmente me sentí culpable por ello, también quería que volvieran todos esos momentos en el sofá, aquellos hermosos abrazos que compartíamos, los besos a primera hora de la mañana y las risas después de cada broma, cosas que no podían contenerse y que era mágico compartirlas.

Como dos extraños:

Al principio, creo que ambos pensamos en que todo ésto seria pasajero, pero no fue así porque pasaron las semanas, también los meses y con ello, los años y ni siquiera nos dirigimos la palabra, empezamos a ser dos extraños que compartían casa y que ni siquiera se conocían. Empezó siendo algo insoportable porque no quería sentirme tan sola, detestaba ser ignorada por la persona que más había querido desde hacía muchísimo tiempo. Después, fue más fácil porque sabíamos los horarios del otro y para no cruzarnos, para no sentir todo aquel desgarrador momento como algo real y tan solo poner la excusa de que no nos veíamos y por ello no nos hablábamos.

Todo siguió volviéndose aún más raro, Steve empezó a comprarse sus cosas y yo las mías, ya no nos ocupábamos de las comunes, ni siquiera compartíamos el salón ni nuestros programas favoritos en el sofá, todo se había vuelto oscuridad. Finalmente, quedábamos con otras personas con las que conectábamos para alejarnos de nuestra no-vida en común, para dejarnos de ver por completo porque ya no soportábamos ni siquiera nuestras miradas, ya no recordaba su sonrisa y dejamos de reír como antes, de hecho, la seriedad fue la protagonista de nuestras vidas durante esos años. Hasta que sucedió lo inevitable...

La marcha de Steve y una muerte deseada:

Fue Steve quién decidió terminar con esta situación, se le veía en los ojos que necesitaba un tiempo para sí mismo, bastante habíamos perdido estando juntos sin sentido, en completo silencio. Me quedé en shock cuando me lo comentó, no podía ni creérmelo cuando lo vi con una maleta en la mano y decidido a alejarse de mi lado, dejando una casa que estaría oscura, silenciosa y solitaria sin él, lo que más miedo me daba tener a mi alrededor, algo que no podría soportar durante mucho tiempo. Las náuseas se hicieron las protagonistas del momento, no soportaba la idea de vivir sin él y le ofrecí hablar pero se negó rotundamente, quizá yo hubiese hecho lo mismo. Siempre pienso que las cosas hubieran sido distintas si hubiésemos hablado del tema, si nos hubiéramos sentado como dos personas maduras a expresar nuestros sentimientos, abrazarnos si se terciara... pero nada de eso ocurrió, decidimos guardárnoslo todo dentro sin siquiera pensarlo y llegar hasta un punto vacío.

Todos estos pensamientos me provocaron unos sentimientos de culpa inexplicables, no podía soportar el hecho de que se hubiese ido y de verdad que me rompió el alma. No podía creer que todo hubiese pasado tan rápido y sin a penas darme cuenta; cada minuto que pasaba, me daba más cuenta de que le echaba de menos. Sabía que no iba a volver, así que, trataba de hacerme entender a mí misma que tenía que seguir adelante pero en mis adentros había algo enterrado durante desde hacía mucho tiempo y era el hecho de que me habían despreciado tanto que no sabría manejar otra pérdida, así que, decidí la manera más cobarde de solucionar el problema: atiborrarme de pastillas hasta mi último aliento.

Un futuro de muerte y protección:

He muerto con la única esperanza de poder verle cada día, aunque estuviese sola en mi lado. Siempre he sido muy sobreprotectora con Steve y ahora no va a ser diferente, le he seguido en todo momento y él mismo sabía que estaba ahí. Se ha girado muchas veces para comprobarlo pero no ha surtido efecto por mucho que haya querido que fuera yo, las cosas no funcionan así ni son tan simples, ¿verdad? Sabía que después de que se fuera, las cosas no podrían recomponerse, que no volvería a ser yo por mucho que quisiera, habíamos compartido demasiados momentos juntos como para permanecer indiferente.

A su lado estoy más que a gusto, aunque no me vea y aunque me duela verle solo y demasiado serio como para seguir con su vida como si nada hubiera ocurrido. Me sigo sintiendo culpable por ello, a pesar de ser la razón por la que bebe a diario, por la que tiene pesadillas y por la que no sale demasiado, renunciando a tener cualquier otra relación. Seguiré protegiéndole día a día, compartiendo sus momentos tristes y sintiéndole en mí cada día hasta que muera y vuelva a mi lado, esta vez sin un silencio demasiado ensordecedor.

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